La ganadería del oriente dejó de ser solo cantidad. Cada vez más cabañas apuestan a la genética Brahman y Nelore para mejorar el hato y multiplicar el valor de cada animal.
La ganadería cruceña vive un cambio silencioso: de medir por cantidad de cabezas a medir por calidad genética. Las cabañas que invierten en reproductores de raza cambian la ecuación del negocio.
Un toro de buena genética puede valer lo que varias cabezas comunes, porque su descendencia mejora todo el hato: más kilos, mejor conversión, animales más adaptados al clima del oriente.
Las ferias y los remates son la vidriera de ese negocio. Ahí se ven los mejores ejemplares y se forman los precios de referencia de la genética.
El futuro pasa por los datos: registros genealógicos, trazabilidad y medición de cada animal. La cabaña que documenta y muestra sus números es la que se despega.
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