Empezó con un lote prestado y hoy maneja una de las operaciones de soya más ordenadas de la zona norte. Nos contó cómo lo hizo y qué le falta al agro para dar el salto digital.
En la zona de San Julián, al norte de Santa Cruz, la soya manda. Y entre los productores que crecieron con ella está Marcelo Áñez (nombre reservado a pedido del entrevistado), que en poco más de una década pasó de trabajar 200 hectáreas prestadas a manejar 2.000 propias.
"Lo primero fue dejar de improvisar. Empezamos a llevar todo anotado: qué sembramos, cuánto rindió, qué nos costó. Ahí recién entendés dónde ganás y dónde perdés plata", cuenta.
La conversación deriva rápido hacia el atraso digital del sector. La mayoría de las operaciones grandes del oriente, dice, siguen manejando la relación con clientes y proveedores por WhatsApp suelto y planillas sueltas. "Producimos como potencia y administramos como kiosco. Ahí hay una oportunidad enorme."
Para él, el próximo salto del agro cruceño no es solo de rendimiento, es de gestión: trazabilidad, automatización de la parte comercial y presencia digital seria. "El que ordene eso primero, se despega."
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